lunes, agosto 13, 2007

Ella amaba la música

"Una paz silenciosa es para nosotros la música preferida; nuestra vida es difícil, y aunque hemos intentado sacudirnos de encima todas las preocupaciones cotidianas, ya no podemos elevarnos hasta cosas tan alejadas de nuestra vida habitual como la música.
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...pero la última novedad es que en una ocasión en que se esperaba que cantase, Josefina desapareció. No sólo sus seguidores la buscan, muchos se lanzan en su búsqueda, pero es inútil. Josefina ha desaparecido, no quiere cantar, ni siquiera quiere que se lo pidan, esta vez nos ha abandonado por completo.
Es curioso lo mal que calcula las cosas esta astuta criatura, tan mal que podría creerse que no calcula en absoluto, sino que simplemente se deja arrastrar por su destino, que en nuestro mundo sólo puede ser muy triste."

Josefina la cantante o El pueblo de los ratones, F. Kafka


Posiblemente cantar para oídos sordos produjo en ella una gran metamorfosis, así su canto se irá perdiendo, será pronto olvidada, y con su partida desaparecerá la música y la felicidad que de ésta emanaba.

9 comentarios:

Tanhäuser dijo...

Así es y así ocurre con tantos otros cantos que surgen de voces no escuchadas.

Paco dijo...

Magnífica e inquietante reflexión, Leuma. Espero que recibieras la documentación que te envié, y que las heridas abiertas por tu viaje no dañen excesivamente tu sensibilidad.
MIS SALUDOS

Leuma dijo...

Y si se callan las voces...qué quedará?, Tanhäuser me alegra verte de nuevo por aquí, un beso

Sí la he recibido, mañana la envío a la sede, gracias Paco. Las heridas siguen aún, pero es bueno que haya despertado, un abrazo

Rafa León dijo...

Es duro no ser escuchado y es algo que te va cambiando, te hermetiza, te aísla, como cuando un órgano que deja de ejercer sus funciones se atrofia hasta desaparecer. Por eso, cuando eso sucede, más que nunca, para evitar "cronificarnos" en la ronquera, hay que seguir cantando.

Pero, además, porque estamos inmersos en un mundo donde se fomentan los sonidos del silencio, y no precisamente los de Simon y Garfunkel, un mundo donde los cantos que "aprendemos" o nos "enseñan" son cantos vacíos... hay que seguir cantando. Sólo así, algún día, puede que, tal vez, seamos escuchados.

Estoy seguro de que Josefina no se rindió -Kafka está lleno de dobleces-, sólo fue a afinar sus cuerdas vocales para volver a intentarlo de nuevo con más fuerza. Porque el cantor, y digo el verdadero cantor, no lo otro, aunque pueda llegar a cantar cosas tristes, nunca se termina de rendir a la tristeza.

Ya sabes: "Si se calla el cantor, calla la vida..."

¡Vaya!, una novedad, hoy estoy optimista.

Un abrazo

Ps. Me alegra tu regreso.

Carz dijo...

El destino, ni para Josefina, ni para nadie, tiene por qué ser necesariamente triste.

Hay dones que sería mejor no desarrollar.

Un abrazo.

ybris dijo...

A veces la música nos abandona. Los cantantes desaparecen o nosotros nos desmoronamos.
No debería ser necesariamente triste ningún destino (Carz tiene razón).

Besos

Leuma dijo...

Me da que Josefina si se fué Rafa, quizá no era tan luchadura como otros que seguirán cantando y denunciando tb, pero...es tan difícil escuchar!!! oí hace un tiempo una noticia curiosa sobre un pececito que curaba la sordera humana, espero que funcione :).
Gracias, un beso.

Carz, no tiene por qué ser triste, pero por desgracia a menudo lo es.
Un don que no se desarrolla es una oportunidad perdida, un regalo ignorado, pero eso es mejor? no sé con cual de los dones eso sería así. Pero es probable que tengas razón. Un abrazo

Sí, se va la música Ybris o se va la fuerza y cae la torre, claro que cabe la esperanza de esa paz silenciosa, Un beso

Rafa León dijo...

Pues, tras leer completa la historia, parece el desenlace más que probable. Pero, como ya dije, hoy estoy extrañamente optimista, y no puedo más que seguir confiando en Josefina. Siempre habrá un lugar para ella, esperando llenarse. Y esperas como ésta, siempre terminan dando su fruto. Porque se podrá olvidar al personaje, pero nunca se podrá dejar, de algún modo, de tener presente la espera. Porque todos, en el fondo, aunque hayamos acabado casi ensordecidos y ciegos por el estruendo del silencio o. mejor, por un estruendo como silencio, aunque no lleguemos ser conscientes del peligro, todos, todos, en lo más íntimo en un lugar tan ignoto que ni tan siquiera lo imaginamos, deseamos saber y ser salvados. O salvarnos. O la Salvación.

Un beso.

Leuma dijo...

Rafa, ciertamente andas más optimista que de costumbre. Yo creo que esa espera de alguien que se ha ido puede llegar a neurotizarnos, mejor aceptar que es libre para irse igual que nosotros para quedarnos o irnos tb. En cuanto a la salvación...uff, primero habrá que saber de qué queremos salvarnos, que a veces los infiernos nos los imponemos nosotros mismos, Un beso